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Parir con placer

Articulo publicado en el blogs"El Mundo.es"


Parir con placer
 "Horrible". "Insoportable". "Ni te lo puedes imaginar". "Menos mal que existe la santa epidural". Los relatos que hacen la mayoría de madres de sus partos suelen resumirse en estas frases escuetas y contundentes. A las embarazadas les desean "horas cortas" para el día señalado, y cuando algo ha sido muy largo y difícil de conseguir se recurre con facilidad al símil de que "ha sido como un parto". Pero ¿son todos los alumbramientos así? Hoy presento a dos mujeres brasileñas que disfrutaron de sus partos, siendo ambos naturales y asistidos en un hospital. Una lo califica de "cósmico". La otra asegura haber sentido placer sexual intenso durante la expulsión de su bebé. El parto con placer es uno de los secretos mejor guardados de las mujeres que han tenido la suerte de poderlo experimentar.

Cuando Kelly se enteró que estaba embarazada se encontró en la encrucijada de decidir de qué forma quería parir. Nunca antes se lo había planteado, pero si algo tenía claro era que no quería pasar por una cesárea, como sucede en Brasil en casi la mitad de los casos y en el 80% de los partos asistidos en centros de salud privados, según recogen algunos datos. "La mayoría de mis conocidas
 han tenido sus hijos por cesárea porque no quieren sufrir y porque económicamente es más rentable para los médicos practicar una cesárea que un parto normal. Yo no quería que me cortaran ni reducir el día que iba a dar a luz a mi hijo a una intervención quirúrgica, con un día y una hora marcadas. Parir es un proceso natural, femenino y salvaje, aunque la medicina tecnócrata lo quiera controlar".

Tampoco quería recurrir a la epidural: "no me gustaba la idea que me durmieran las piernas, que me movieran como un peso muerto, y tenía miedo que no se despertaran y no volver a caminar". Así que tras varias lecturas sobre el tema optó por parir de forma natural. Esta joven profesora de derecho, que por entonces tenía 26 años, quería sentir plenamente la experiencia de dar a luz, y aunque era primeriza, no tenía miedo al dolor. "Soy una persona fuerte y cuando otras mujeres me hablaban de como sufrieron pariendo me quedaba un poco escéptica". 

Lo que sí temía era la reacción de sus allegados si descubrían su intención de parir sin anestesia ni otro tipo de tratamiento médico. "Decidí no contarle a la gente que quería un parto natural para protegerme. En Brasil las personas se extrañan si quieres parir por vía vaginal y no por cesárea. ¡Y es peor si dices que lo quieres natural! Te tratan de loca y te dicen que vas a matar a tu hijo y a ti misma. Por eso sólo lo conté a quién creía que me iba a comprender, para que no me influyeran negativamente".

Tras los 9 meses de embarazo, llegó el día de parir. De noche, y
 sin haber recibido preparación prenatal, pasó sola las primeras horas de trabajo de parto, siguiendo la voz de su instinto para aguantar las contracciones."Al principio no me dí cuenta que iba de parto, porque había vomitado y como también tenía diarrea pensaba que los dolores que tenía eran de eso. Ahora pienso que para mí  fue bueno para sentirme libre de hacer lo que me apetecía para aguantar el dolor". 

Al cabo de unas horas sangró, y ya alarmada, despertó a su esposo para marcharse al hospital. El dolor iba creciendo: "No el de las contracciones, que contrariamente eran medio placenteras. Si no el de los huesos, que se movían para que el bebé pasara. Tenía la sensación que mi esqueleto se iba a desmontar".

A pesar que
 su doctora le dio libertad para moverse y colocarse como quisiera el dolor era tan intenso que estuvo a punto de desistir y acceder a que le dieran algo para amortiguarlo: "pensaba que no iba a aguantar", reconoce. Pero finalmente llegó la expulsión, con una rodilla en el suelo y la otra flexionada vio nacer a su bebé: "fue el momento más intenso de mi vida, estaba en trance, totalmente entregada a mis instintos animales. Tuve una sensación de profunda unidad con el universo, en el que no sabía donde terminaba mi cuerpo ni donde empezaba el mundo. Estaba en éxtasis, en otra dimensión".

Si esta joven de caderas estrechas sintió un gran placer espiritual el día que parió su primer hijo, que pesó 4 kilos y midió 55 centímetros, Aneline sintió satisfacción sexual con la expulsión de su segundo hijo, hace más de 40 años. "Sentí mucho placer, como cuando tienes relaciones sexuales.
 No llegué a un orgasmo, pero sentí placer intenso, un 7 sobre 10".

En su caso, también fue un parto natural asistido por un médico, siendo el tratamiento muy diferente al de su primer alumbramiento. "El parto que tuve con mi primer hijo no me gustó, porque no tuve conciencia de nada.
Me pusieron una anestesia que me atontó y no vi como nació mi hijo. De ese día solo recuerdo mucho dolor".

Sin embargo, a pesar de lo sorprendentemente buena que fue su segunda experiencia, Aneline no se atrevió a contar a nadie lo sucedido. Sólo a su marido. "Pensaba que la gente se reiría de mí porque no sabía que lo que había sentido podía ser real. Creía que había sido una fantasía fruto de mi imaginación", reconoce. Tras 32 años de silencio reveló su secreto a una doctora que trabajaba en partos naturales y allí confirmó que sus sentidos no la habían engañado. "Me puse muy contenta", comenta.

Kelly, por su parte, tampoco suele dar a conocer la experiencia de su parto que califica como "cósmico". "No tengo paciencia para hablar de lo que viví con personas que no pueden comprender.
 Así que sólo lo explico a quien me pregunta y se interesa", argumenta.

La experiencia de su parto marcó un antes y un después en su vida. "Yo antes vivía en 'Matrix', y no tenía un estilo de vida saludable", asegura. Con la maternidad, se acercó al mundo espiritual a través del yoga, dejó de comer carne, optó por la medicina alternativa a la alópata y se formó como 'doula' para ayudar a otras mujeres a parir de forma natural. "La postura que se utiliza en los partos normales en el hospital está pensada para la comodidad de los médicos. La inventaron para que el rey Luis XIV pudiera ver a una de sus amantes parir, pero es pésima y no tiene en cuenta las necesidades de la mujer. En posición horizontal, el útero tiene que luchar contra la gravedad, se impide el movimiento de los huesos y no se permite la abertura de la pelvis", denuncia.

Después de 3 años de experiencia, Kelly está convencida que además del buen estado de salud del bebé y de la mujer,
 el bienestar psicológico y emocional también es crucial para tener un buen parto. "Influye la tranquilidad de la mujer, la relación que tiene con su pareja, la forma en que vive sus relaciones sexuales, si es desinhibida o no... porque el parto no deja de ser la culminación de la sexualidad de una mujer. Si la mujer entiende eso, puede llegar a sentir placer con el parto. Los sentimientos enemigos para ello son el miedo, la culpa y la pena".

1 comentario:

  1. Me ha encantado la entrada, me parece muy importante que comiencen a oirse tambien las historias de mujeres que renacieron en sus partos
    Y por supuesto... ¡si se puede parir con placer! ;-)
    http://crianzacorporal.blogspot.com/2011/08/planeta-parto.html
    Abrazos seguidores

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